Sé que esta foto que muestro es dura, muy dura (imagen de Mohamed Sajjad en Afganistán, tras las riadas), pero me ha impactado mucho y me ha llevado a querer compartir unas palabras. Publicaré este post un tiempo y luego lo quitaré seguramente. Comparto estas palabras con la gente que sé me siguen (entre mil y mil doscientas personas diferentes al día según las estadísticas). Uso este blog no sólo para compartir mis trabajos, sino para mis reflexiones y lo que creo es importante sepamos todos. La foto es de una de las páginas donde aprendo más de fotografía y de humanidad. Una página que se ha convertido en mito, en estandarte del fotoperiodismo real, The Big Picture, del diario Boston. El otro día, un famoso fotógrafo de guerra me comentaba que su trabajo consistía en realidad en ser un “notario de la realidad”. (Te mando un saludo y admiro tu valor y tu labor). Así, es una realidad que creemos lejana pero que está a la vuelta de la esquina.
Ver una foto como esta desgarra el alma, pero me hace ver la realidad, porque el 80% del planeta vive situaciones parecidas a esta o peores. Ellos se acostumbran, conviven con el hambre, la miseria, la injusticia; conviven con las moscas, hasta el punto de que lo ven “normal”. Normal vemos nosotros muchas cosas, pero no lo son. Normal creemos es lo que muestran los diarios y la TV, pero no lo es. Nos manipulan, nos usan, a su antojo, porque toda esta situación se podría resolver en menos de un año, pero a “algunos” no les interesa y nos siguen vendiendo la idea de que poco podemos hacer y ellos que tienen poder, menos, porque es su negocio, su juego. Esto se tiene que acabar. Nadie se cree ya las guerras y sus absurdos motivos, ni que el hambre no tenga solución, o enfermedades básicas que matan a millones en países vecinos. Nadie se lo cree, sin embargo, todo sigue igual. ¿Qué hace falta para cambiar las cosas? ¿Qué debe suceder para quitar del poder a los que no hacen nada cuando todos sabemos que sí que pueden? El poder lo tenemos nosotros, somos más.
Cuando has visto estos niños con tus propios ojos el corazón se te detiene, como gritando que no merece la pena vivir si esta es la vida real. Cuando ves estos niños, sus rostros, todo cambia. Te miran, con los mismos ojos que nuestros hijos, pero inundados de pena, o a veces con una alegría tan grande que nos impacta al no poder comprender de dónde proviene su delicada y fugaz felicidad.
Tantas veces he escuchado el dicho de que no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita. Y nosotros “necesitamos” tanto, tanto inútil, tanto absurdo, tanto no indispensable. Eso no significa que tengamos que dejarlo todo, porque la vida es para disfrutarla y lo que “tenemos” es para aprovecharlo y siempre usarlo para bien. Siempre pensé que si yo había nacido en un lugar con “posibilidades” debía aprovechar eso para poder ayudar a otros que no nacieron en esas circunstancias. Esa es nuestra única responsabilidad. No tenemos que avergonzarnos por tener un coche, ni una casa, ni por poder ir de vacaciones a un lugar agradable, sino no volver la mirada a la realidad y echar una mano como cada uno pueda.

En estos momentos de crisis comenzamos a ver que no todo es tan fácil, ni tan cómodo, y sobre todo, que todo es muy sutil y delicado. El equilibrio entre tener y no tener nada es tan estrecho que de un día para otro podemos vivirlo. ¿Cómo luchar contra eso? Confiando en nosotros mismos, sacando lo mejor de nosotros, luchando. Pero no sólo por nosotros y los cercanos, sino por hacer un mundo mejor.
Cada vez me entristece más ver cómo hay gente que no te mira a los ojos, cuando compras en el súper, cuando subes a un bus. Cómo no dan las gracias ni responden a un “buenas tardes”. Me duele en el alma ver como muchas veces la gente se piensa que pretendes sacarles algo por ser amable. El otro día un compañero de profesión me dijo que unos novios le dijeron que yo era muy “pelota”. No sé lo que opinaron, siempre trato de ser todo lo amable que puedo, y a veces no sé decir que no; desde luego no me merecían esos clientes y los quiero lejos.
La gente tiene miedo, por eso es así. Por eso si les sonríes parece que quieres algo a cambio, o si les das algo se ven en la necesidad de “pagartelo” de alguna manera. No, las cosas se hacen con el corazón. Es la única manera, es eso en realidad lo que es estar vivo. Todo lo demás es una mentira, una ilusión. Uno vive cuando ama, cuando es él mismo, cuando se siente realizado por portarse como realmente y en el fondo sabe debe comportarse. Somos humanos, cometemos errores, y precisamente por eso somos humanos. El ser humano es un camino de aprendizaje, una escuela de amor sobre un pequeño planeta color esmeralda.
No debemos avergonzarnos de ser lo que somos, de sentir como sentimos, de amar como amamos. Si la gente no comienza a mostrar sus sentimientos, a abrirse a los demás tenemos realmente los días contados. Yo no siento vergüenza ninguna en decir estas palabras, y soy así con todo el mundo, amigos, familia, clientes, gente que se sienta conmigo en un avión. A veces nos encerramos en nuestro mundo, pero… el mundo real está ahí afuera, y nos necesita.
No hace falta ir a Afganistán, para ayudar con las riadas, tenemos muchas catástrofes en nuestro propio barrio, en nuestras propias ciudades. Pero la mayor labor “humanitaria” es ser felices, es sonreír y compartir esa felicidad, es mejorar un poquito nuestro alrededor. Porque si soy amable con una persona puede que esa persona se de cuenta y sea amable con otras dos, y así cambiamos el mundo. Por favor, dejemos los miedos a un lado, ayudemos a mostrar la “realidad” a todos y abandonemos nuestras burbujas ficticias, con vidas ficticias, con relaciones ficticias y personajes ficticios. Vivamos, seamos libres, porque para eso estamos aquí, no para permanecer aletargados. Yo comparto mi pedacito de realidad, si cada uno de vosotros lo hicierais con otros, otro mundo tendríamos. Sé que muchos lo hacéis, porque gracias al cielo estoy rodeado de gente maravillosa, gente de verdad y no proyectos de ser humano como soy yo. Gente que se entrega, que ama sin condiciones, que ha descubierto plenamente que cuanto más das, más recibes. Gracias a todos. Cuidense.


































































































































































































































































































































































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