Quiero ser una persona agradecida con todo lo que esta vida me da. Trato de sembrar cada día la semilla que luego crece y se hace el árbol que me da sombra. No hacer las cosas esperando recompensa, y así llegan de donde menos me lo espero. Soy un afortunado, aunque sé que la suerte no existe. Si creo que he hecho algo para merecer todo esto es tratar de hacerlo todo con el corazón, aunque a veces meta la pata, porque defectos tengo, como todos, y algunos muy feos, jaja.

Esta foto la tomé en Uruguay hace dos meses, en un parque protegido donde crecen ombúes, unos árboles maravillosos.
En realidad no son árboles, sino arbustos que crecen sin forma. He aquí uno de unos meses de vida.
Gracias a mi trabajo, porque es mi pasión, porque me permite crecer como persona a la vez que como profesional. Gracias a mis clientes, a los amigos que hago trabajando. Gracias a mis compañeros, a la gran cantidad de fotógrafos y demás profesionales que se acercan a mí de alguna manera y con los que comparto esta particular visión. Gracias a todos los que se han apuntado a los seminarios, a los que quieren darme la oportunidad que les enseñe lo poco que sé. Gracias a todos los que siguen este blog, novias, novios, fotógrafos, fotógrafas, amigos de novias y novios, amigos de fotógrafos y fotógrafas. A cada uno que escribe comentarios en este blog y a quienes no me da tiempo de agradecer personalmente su detalle.

He aquí un ombú adulto, de cerca de los 600 años de antiguedad. Estaba allí cuando Colón llegó a La española.
Fíjense que son en realidad los famosos baobabs de El principito. Su autor se estrelló cerca de aquí y tomó la idea,
aunque luego le cambió el nombre. En realidad no se estrelló, fue un aterrizaje de emergencia, y se sorprendió al
hallar junto a su avión a dos pequeñas niñas que hablaban francés. Una familia acaudalada francesa vivía junto allí
y fue donde se hospedó mientras reparaba su avión. El lugar está rodeado de ombúes y la mansión se llama el Castillo
de San Carlos, en Concordia, Argentina, a la orilla del río Uruguay y frontera con este mismo país. Yo estuve allí hace unos
años y pude ver las raíces de los ombúes recordando los dibujos de baobabs. Las mismas raíces y los mismos árboles en
los que se sentara Antoine de Saint-Exupéry a fines de 1929, y donde naciera la idea de escribir una historia llamada El principito.
Gracias a la fotografía, por permitirme expresar mis emociones, mis sentimientos, mi modo de ver la realidad y poder compartirlo con los demás. Gracias a mi familia, por apoyarme, por aguantarme, por amarme. Gracias a mi gata, por posar tantas horas como mi hijo mientras pruebo configuraciones de luces y demás inventos. Gracias a la casa que me acoge, porque con sus muros me protege y con sus árboles me infunda vida. Gracias a la vida, por darme de nuevo la oportunidad de ser mejor, de superarme, de enmendar mis errores.
Gracias a los que me alaban, pero sobre todo, gracias a los que me critican, porque me permiten saber que no debo creerme nada y debo ser humilde y porque me recuerdan que si alguna vez yo critico, debe ser de forma constructiva y con razón; y que quizás debo muchas veces ver las circunstancias y no juzgar tanto.
Gracias, a todos, a todo.


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Publicado por Fran
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